Informática y tendencias tecnológicas en la educación: aplicaciones para la orientación educativa

 

La informática educativa y las tendencias tecnológicas están transformando profundamente la orientación educativa y las ciencias de la educación. La incorporación de herramientas digitales, inteligencia artificial, análisis de datos, recursos multimedia y plataformas virtuales permite fortalecer los procesos de diagnóstico, intervención, acompañamiento estudiantil, inclusión, accesibilidad, gestión educativa e innovación pedagógica. En este contexto, la orientación educativa adquiere un papel estratégico para acompañar a estudiantes, docentes y comunidades educativas ante los desafíos de la transformación digital.

Informática educativa, inteligencia artificial, orientación educativa, tendencias tecnológicas y educación

Introducción 

La informática ha dejado de ser un soporte periférico para convertirse en una infraestructura intelectual, pedagógica y organizacional de la educación contemporánea. En orientación educativa, su valor no se reduce al uso de computadoras o plataformas, sino que alcanza la evaluación diagnóstica, la personalización de intervenciones, la inclusión y accesibilidad, la gestión institucional, la producción de recursos y el análisis de datos para la toma de decisiones. En paralelo, la alfabetización digital, la creación de contenidos, la lectura crítica del entorno tecnológico y la inteligencia artificial están reconfigurando las funciones de orientadores, docentes, directivos e investigadores. Este artículo analiza, en clave académica y con formato APA, el papel de la informática y de las tendencias tecnológicas en la orientación educativa, con atención especial a la ética, los sesgos, la protección de datos y el contexto costarricense. 

En el sistema educativo costarricense, la orientación tiene como objeto potenciar el desarrollo integral del estudiantado mediante procesos de autoconocimiento, conocimiento del medio, toma de decisiones y planificación de vida. Desde esa definición, la informática no debe entenderse como un añadido técnico, sino como un conjunto de medios para fortalecer la mediación pedagógica, ampliar el acceso a apoyos personalizados y mejorar la calidad de la intervención orientadora. A escala internacional, UNESCO sostiene que la tecnología educativa puede contribuir al acceso, la equidad, la inclusión, la calidad y la gestión del sistema, aunque advierte que sus beneficios dependen de condiciones de acceso, regulación y preparación docente. 

La informática en la orientación educativa y en las ciencias de la educación

Requejo Fernández, Raposo-Rivas y Sarmiento Campos (2022), en una revisión sistemática sobre tecnologías en orientación profesional, concluyen que los recursos más usados en este campo son los sitios web y los programas informáticos, lo que confirma que la digitalización ya forma parte del ecosistema orientador. Esa presencia es relevante porque la orientación educativa trabaja con problemas complejos trayectorias escolares, bienestar socioemocional, decisiones vocacionales, transición académica y laboral que requieren información organizada, comunicación oportuna y seguimiento continuo. En ese marco, la informática mejora la capacidad de registrar, recuperar, integrar y visualizar información relevante para la acción educativa. 

En el apoyo a los diagnósticos, la informática facilita el uso de cuestionarios digitales, inventarios de intereses, escalas socioemocionales, registros de asistencia, evidencias de desempeño y tableros de seguimiento. La literatura sobre school counseling y toma de decisiones basada en datos sostiene que los programas de orientación más robustos se apoyan en evidencia sistemática para valorar necesidades, monitorear intervenciones y estimar resultados, en lugar de operar solo con intuiciones profesionales. McGill, Kennedy y Busse (2016) subrayan que la evaluación de intervenciones orientadoras mejora cuando se usan métodos de decisión basados en datos, y Zyromski, Griffith y Choi (2021) actualizan esa idea al vincularla con una identidad profesional compleja y contextualizada del orientador escolar. 

 En la innovación de las estrategias de intervención, la informática permite pasar de acciones homogéneas a intervenciones más flexibles y oportunas: tutorías mediadas por plataformas, seguimiento asincrónico, materiales adaptativos, microcápsulas audiovisuales, portafolios digitales y recursos interactivos. Pan, Biegley, Taylor y Zheng (2024), al revisar intervenciones de learning analytics en entornos LMS, muestran que los datos de uso y participación pueden apoyar acciones que mejoren la enseñanza y el aprendizaje, y la U.S. Department of Education (2023) señala que la IA y otras herramientas digitales pueden ampliar la retroalimentación formativa, siempre que se alineen con una visión educativa clara y mantengan a los educadores en el centro de la toma de decisiones. 

En inclusión y accesibilidad, la informática es especialmente valiosa cuando se articula con tecnologías de apoyo, diseño universal y recursos multimodales. La OECD distingue entre equidad digital e inclusión digital, y recuerda que las tecnologías no solo deben estar disponibles, sino diseñarse y usarse de formas que no discriminen y que reduzcan barreras para grupos históricamente excluidos. En la misma línea, UNESCO IITE (2025) documenta que la combinación de TIC, IA y tecnologías asistivas puede mejorar el acceso, personalizar el aprendizaje y favorecer la integración social de estudiantes con discapacidad o necesidades educativas especiales, mientras que Navas-Bonilla et al. (2025) muestran, en una revisión sistemática, que dispositivos móviles, aplicaciones y entornos especializados contribuyen a crear ambientes más inclusivos y accesibles. 

La informática también transforma los procesos de enseñanza, investigación y gestión educativa. UNESCO (2023) sostiene que la tecnología puede aportar soluciones a la calidad del aprendizaje y al manejo del sistema, pero advierte que la evidencia sobre su valor agregado todavía es desigual y que las decisiones deben ser pedagógicamente justificadas. En el plano de la gestión, la estrategia de transformación digital del MEP concibe la digitalización como un medio para optimizar procesos administrativos y pedagógicos, fortalecer la formación docente, desarrollar contenidos digitales y apoyar la toma de decisiones basada en datos. Por ello, en orientación educativa, la informática no solo sirve para intervenir mejor, sino también para documentar procesos, producir materiales, comunicar a la comunidad y participar en la gobernanza escolar con evidencia. 

Habilidades y competencias digitales para orientar en el siglo XXI

Hablar de competencias digitales en orientación educativa implica ir más allá del dominio instrumental de plataformas. DigComp 2.2 concibe la competencia digital ciudadana como un conjunto integrado de capacidades relacionadas con la información y alfabetización de datos, la comunicación y colaboración, la creación de contenidos, la seguridad y la resolución de problemas. DigCompEdu, por su parte, organiza la competencia digital del profesorado en áreas que van desde el compromiso profesional hasta la evaluación y el empoderamiento del alumnado. Complementariamente, el ICT Competency Framework for Teachers de UNESCO subraya que los docentes deben usar las TIC no solo para operar tecnologías, sino para formar estudiantes creativos, colaborativos y capaces de resolver problemas. 

 Para la orientación educativa, esto se traduce en tres grandes dimensiones. La primera es la alfabetización digital: localizar, evaluar, usar y comunicar información con seguridad y propósito. La segunda es la creación de contenido: diseñar materiales, adaptar formatos, integrar texto, audio, imagen y video, y respetar criterios éticos y de propiedad intelectual. La tercera es la ciudadanía digital: comprender privacidad, seguridad, huella digital, bienestar en línea y riesgos de desinformación. La OECD (2025) define la literacidad digital como la capacidad de localizar, evaluar, usar y crear información con herramientas digitales, y agrega que incluye pensamiento crítico, seguridad, responsabilidad y ética en el uso de las TIC. 

 El pensamiento crítico frente a la tecnología ocupa un lugar central en dichas competencias. La OECD ha mostrado que distinguir hechos de opiniones en contextos digitales se asocia con sistemas educativos donde el alumnado aprende a detectar información sesgada, mientras que UNESCO enmarca la media and information literacy como el conjunto de habilidades necesarias para relacionarse críticamente con la información, navegar entornos digitales con seguridad y enfrentar la desinformación, el discurso de odio y las innovaciones digitales, incluida la IA. Para el orientador, esto significa que no basta con enseñar a “usar herramientas”, es necesario enseñar a interpretar fuentes, cuestionar automatizaciones, reconocer sesgos y valorar la calidad de la evidencia que circula en plataformas y redes. 

 La irrupción de la IA ha ampliado aún más el mapa competencial. UNESCO (Miao & Cukurova, 2024) propone un marco de 15 competencias docentes en cinco dimensiones: mentalidad centrada en el ser humano, ética de la IA, fundamentos y aplicaciones de IA, pedagogía con IA y desarrollo profesional con IA. Para estudiantes, UNESCO (Miao, Shiohira & Lao, 2024) plantea 12 competencias en cuatro dimensiones: mentalidad humanocéntrica, ética de la IA, técnicas y aplicaciones de IA, y diseño de sistemas de IA. Ambas propuestas son especialmente relevantes para orientación educativa, porque conectan el uso de herramientas con juicio ético, agencia humana y preparación para la vida ciudadana y laboral. 

 Inteligencia artificial en la orientación educativa

 En orientación educativa, la IA puede utilizarse en tareas de acompañamiento informacional, detección temprana de necesidades, personalización de apoyos, análisis de intereses vocacionales, organización de recursos y producción asistida de materiales. También puede ayudar a sintetizar información de casos, generar borradores de entrevistas o guías, sugerir rutas de apoyo y ampliar la retroalimentación formativa. UNESCO (2023) sostiene que la IA generativa abre posibilidades para el diseño curricular, la enseñanza, el aprendizaje y la investigación, mientras que la U.S. Department of Education (2023) identifica oportunidades relevantes de la IA para la evaluación formativa y la personalización, siempre subordinadas a metas definidas por educadores y no por el sistema automatizado. 
 
Costa Rica ha comenzado a responder al uso de la inteligencia artificial en educación mediante experiencias institucionales, lineamientos de uso responsable y procesos de capacitación docente; sin embargo, esta respuesta aún se encuentra en construcción. Se señala que la IA ya está presente en las aulas universitarias costarricenses mediante cursos híbridos, tutores inteligentes, herramientas de apoyo a la evaluación y generación de materiales, pero advierte que persisten retos importantes relacionados con la confiabilidad de los detectores de IA, la brecha digital, la protección de datos, los sesgos algorítmicos y la ausencia de una estrategia nacional educativa plenamente articulada. En este contexto, la orientación educativa puede contribuir a que la incorporación de la IA no se limite a la automatización de tareas, sino que fortalezca el acompañamiento humano, la equidad, el pensamiento crítico y el uso ético de la tecnología 
 
 Las plataformas más visibles pueden agruparse en dos tipos. El primero incluye asistentes generalistas con aplicaciones educativas, como ChatGPT, Gemini for Education, Microsoft Copilot in Education y Khanmigo, que ofrecen apoyo para ideación, explicación, creación de materiales, diferenciación didáctica y acompañamiento al estudio. El segundo tipo comprende plataformas especializadas en college and career readiness y orientación de trayectorias, como Naviance, MaiaLearning, SchooLinks, Scoir y BigFuture, orientadas a exploración vocacional, planificación académica, búsqueda de opciones postsecundarias, comunicación con consejeros y seguimiento de hitos. Estas plataformas son útiles, pero conviene distinguir entre apoyo algorítmico y orientación profesional propiamente dicha: ninguna sustituye la escucha, el encuadre ético, la lectura contextual ni la deliberación humana. 

Los riesgos y límites son sustantivos. UNESCO advierte que la rápida difusión de la IA generativa ha superado la adaptación de marcos regulatorios, en muchos países, la privacidad de usuarios y la capacidad institucional para validar estas herramientas siguen siendo insuficientes. El GEM Report 2023 recuerda, además, que la evidencia imparcial sobre el impacto de la tecnología educativa es todavía limitada y que muchos productos cambian más rápido de lo que pueden evaluarse rigurosamente. La Office of Educational Technology de Estados Unidos añade que la IA puede automatizar procesos para alcanzar fines educativos, pero no debe establecer esos fines, estos deben provenir de la visión pedagógica y del conocimiento profesional que tienen educadores y orientadores sobre las necesidades reales del estudiantado. 

El problema de los sesgos merece un apartado propio. La U.S. Department of Education (2023) define el sesgo algorítmico como una injusticia sistemática producida cuando los modelos detectan patrones o automatizan decisiones de manera no representativa o discriminatoria, y señala que esto puede amplificar inequidades a escala. La Recomendación de UNESCO sobre la Ética de la Inteligencia Artificial propone como valores centrales el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos, el florecimiento del ambiente y los ecosistemas, la diversidad y la inclusión, y la vida en sociedades pacíficas y justas. En orientación educativa, esto implica que cualquier sistema de IA que clasifique estudiantes, recomiende trayectorias o sugiera riesgos debe revisarse críticamente para detectar sesgos por género, discapacidad, etnia, lengua, condición socioeconómica o estilos de aprendizaje. 
Por ello, el uso ético de la IA en orientación educativa debe asentarse sobre cinco principios: supervisión humana significativa, transparencia sobre el uso del sistema, protección de datos, revisión de sesgos y rendición de cuentas, y adecuación pedagógica al contexto. UNESCO recomienda un enfoque humanocéntrico, con protección de privacidad, validación ética y consideración de edad, el NIST AI RMF 1.0 propone gestionar riesgos para impulsar sistemas confiables y responsables, y la U.S. Department of Education insiste en el criterio de “humans in the loop” como condición clave de uso educativo. Dicho de otro modo, la IA puede asistir, pero no debe decidir sola sobre personas. 
 
 La inteligencia artificial ha acelerado la transformación digital de la educación al pasar de una simple incorporación de herramientas tecnológicas a una reconfiguración más profunda de los modelos de enseñanza, evaluación, gestión institucional y acompañamiento estudiantil. En el contexto mundial, la irrupción de la IA generativa desde 2022 ha obligado a las instituciones educativas a revisar sus prácticas pedagógicas, sus formas de evaluación y sus políticas de gobernanza tecnológica. En América Latina, este proceso avanza de manera desigual debido a brechas de conectividad, formación docente, cultura institucional y disponibilidad de marcos normativos. En el caso de Costa Rica, la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2027, junto con experiencias universitarias como tutores inteligentes, pruebas adaptativas y guías institucionales de uso responsable, evidencia una transición hacia modelos educativos más personalizados, híbridos y apoyados en datos. Solano (2025) propone comprender esta transformación mediante modelos conceptuales como la Taxonomía de Bloom revisitada, las metáforas del centauro y el cíborg, el modelo ISAR —inversión, sustitución, augmentación y redefinición— y la evaluación centrada en procesos, los cuales permiten analizar cómo la IA puede pasar de ser una herramienta auxiliar a convertirse en un recurso estratégico para potenciar el pensamiento crítico, la creatividad, la retroalimentación personalizada y la toma de decisiones educativas. Desde la orientación educativa, estos modelos resultan especialmente relevantes, porque permiten repensar el diagnóstico, el acompañamiento vocacional, la atención a la diversidad, la prevención del rezago y el diseño de intervenciones personalizadas, siempre que su uso se acompañe de criterios éticos, transparencia, protección de datos y una visión humanista de la educación.

El análisis de datos en la orientación educativa

 El análisis de datos es hoy una de las bases de la orientación educativa basada en evidencia. En el campo del school counseling, McGill et al. (2016) muestran que la toma de decisiones basada en datos permite evaluar si las intervenciones funcionan, Zyromski et al. (2021) amplían esta idea al señalar que el uso de datos debe leerse desde la complejidad del rol del orientador y no como una simple exigencia tecnocrática. En términos prácticos, esto significa que asistencia, rendimiento, participación, derivaciones, bienestar socioemocional, permanencia y trayectorias pueden convertirse en insumos para planificar apoyos más pertinentes, siempre que se interpreten con contexto y prudencia profesional. 
La analítica del aprendizaje y los sistemas de alerta temprana representan una evolución de esta lógica. Pan et al. (2024) encuentran que los datos generados en los LMS pueden sustentar intervenciones con efectos positivos en enseñanza y aprendizaje, Alfredo et al. (2024), en una revisión sistemática de learning analytics e IA con enfoque humanocéntrico, advierten que estos sistemas ofrecen escalabilidad, pero también plantean problemas de privacidad, agencia y control humano, e IIEP-UNESCO (Montes & Luna, 2024) caracteriza los sistemas de alerta temprana como herramientas útiles para identificar riesgos de abandono, dificultades en aprendizajes sustantivos y posibilidades de organizar acciones específicas. La lección es clara: predecir sin intervenir éticamente no mejora trayectorias, lo valioso es convertir datos en apoyos oportunos, comprensibles y justos. 

En este punto, las bases de datos y el big data abren oportunidades y peligros. La versión de consulta pública de la ENIA de Costa Rica identifica la gobernanza y la calidad de los datos como pilares para el desarrollo de IA, y reconoce que la preparación institucional para el análisis inteligente de grandes volúmenes de datos sigue siendo un desafío. Esa advertencia es pertinente para orientación educativa porque no todo dato disponible es pedagógicamente relevante, y no toda correlación debería traducirse en decisiones sobre los estudiantes. Los sistemas predictivos pueden señalar patrones, pero requieren marcos de validación, explicabilidad y revisión profesional antes de convertirse en criterios de acción. 
La protección de datos impone límites normativos claros. En Costa Rica, la Ley 8968 exige consentimiento expreso para la recopilación de datos personales, reconoce derechos de acceso, rectificación y supresión, establece el principio de adecuación al fin y ordena medidas técnicas y organizativas de seguridad, además del deber de confidencialidad para quienes intervienen en el tratamiento. La Prodhab, por su parte, define su misión como la garantía del derecho a la autodeterminación informativa. Para orientación educativa, esto implica que las bases de datos de estudiantes, aun cuando tengan finalidades legítimas de seguimiento o investigación, deben operar con minimización de datos, control de accesos, protocolos claros y especial cuidado cuando incluyen datos sensibles relativos a salud, situación sociofamiliar o bienestar psicoemocional. 

En síntesis, el análisis de datos en orientación educativa es valioso cuando cumple cuatro condiciones: pertinencia pedagógica, interpretación contextual, protección jurídica y agencia humana. Si se absolutiza la predicción o se naturalizan perfiles de riesgo, los datos pueden cristalizar inequidades, si se usan con criterios éticos y humanocéntricos, pueden apoyar decisiones más tempranas, personalizadas y preventivas. Esta tensión entre capacidad analítica y responsabilidad ética es, probablemente, uno de los dilemas más importantes de la orientación educativa contemporánea. 

Creación de recursos multimedia con herramientas digitales

 La creación de recursos multimedia es una dimensión estratégica de la informática aplicada a la educación porque permite traducir información compleja a formatos más accesibles, atractivos y reutilizables. Mayer (2024) recuerda que la teoría cognitiva del aprendizaje multimedia explica cómo las personas aprenden a partir de palabras e imágenes, por tanto, los materiales digitales bien diseñados no son decoraciones, sino mediaciones cognitivas. En orientación educativa, esto es especialmente importante porque muchas veces se trabaja con decisiones, emociones, itinerarios formativos y habilidades para la vida que requieren comunicación clara, gradual y visualmente inteligible. 
En la práctica orientadora, los recursos pueden adoptar diversas formas. Las imágenes e infografías sirven para sintetizar rutas de apoyo, becas, procesos de admisión o estrategias de estudio, los videos permiten explicar temas de convivencia, proyecto de vida, salud mental o exploración vocacional, los e-books y revistas digitales organizan guías, portafolios y dossiers temáticos, los podcasts son útiles para entrevistas, testimonios y reflexión accesible, y los blogs favorecen la escritura, la curación de contenidos y la construcción de comunidades de aprendizaje. UNESCO, mediante su Recomendación sobre Recursos Educativos Abiertos, sostiene que los materiales y tecnologías abiertas deben ser no discriminatorios, adecuados al contexto, accesibles y disponibles para todos los estudiantes. 

Existen herramientas digitales accesibles para estas tareas. Canva for Education y Adobe Express for Education facilitan la creación de gráficos, presentaciones, páginas web y videos, Book Creator permite desarrollar libros digitales, portafolios, diarios y boletines, WordPress.com y Blogger ofrecen infraestructura sencilla para blogs y sitios, y Spotify for Creators permite publicar, distribuir y gestionar podcasts. Estas herramientas pueden enriquecer la orientación si se usan con intencionalidad pedagógica, criterios de accesibilidad y protección de datos, evitando convertir la producción multimedia en un fin en sí mismo. 
Desde el punto de vista metodológico, la clave no es “usar muchos formatos”, sino diseñar con propósito. La OECD (2025) advierte que el efecto de las tecnologías depende fuertemente de las elecciones pedagógicas del profesorado y de la carga cognitiva que los recursos generan, incluso muestra que los formatos digitales mal diseñados pueden incrementar la carga extrínseca y dificultar el desempeño. En orientación educativa, esa observación es esencial: una infografía saturada, un video demasiado largo o un sitio sin criterios de accesibilidad pueden entorpecer la comprensión justo en contextos donde se busca acompañar decisiones importantes. 

 Transformación digital de la educación y repercusiones para la orientación educativa en Costa Rica

La transformación digital de la educación no consiste únicamente en trasladar contenidos al entorno virtual. Según UNESCO (2023), el debate contemporáneo gira alrededor de si la tecnología se usa en los términos de la educación o la educación termina subordinándose a los términos de la tecnología. La OECD (2025) coincide en que los efectos de las herramientas digitales dependen menos de la novedad técnica que de la competencia profesional, el momento de uso y los objetivos de aprendizaje que se persiguen. Para la orientación educativa, esto implica que la virtualidad, los modelos híbridos y la educación apoyada en IA deben evaluarse por su capacidad para ampliar apoyos, reducir barreras, sostener vínculos y mejorar trayectorias, no por su atractivo tecnológico. 

En Costa Rica, la Estrategia para la Transformación Digital del Sistema Educativo Costarricense del MEP, publicada en 2025, plantea explícitamente la alfabetización y las competencias digitales de docentes y estudiantes, la digitalización de procesos administrativos y pedagógicos, la construcción de cultura digital, la protección de datos y la ciberseguridad como ejes de acción. El documento también subraya que la digitalización debe contribuir a modelos de aprendizaje híbridos, personalizados y colaborativos, así como a la mejora de la gestión institucional y al desarrollo de habilidades relevantes para el siglo XXI. Esa agenda coincide con una visión de la orientación educativa que ya no puede separarse de la gestión de información, la mediación digital y la formación para la ciudadanía tecnológica. 
En relación con la IA, la fuente oficial localizada del MICITT corresponde a una versión de consulta pública de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024–2027. En esa versión, el documento vincula la IA con la generación de capacidades, habilidades y espacios de conocimiento para un uso responsable, e identifica desafíos de gobernanza y calidad de datos para el desarrollo de estas tecnologías en Costa Rica. Para el campo educativo, esto sugiere que la integración de IA no debería empezar por la compra apresurada de herramientas, sino por fortalecer talento humano, gobernanza de datos, marcos éticos y criterios de uso responsable. 

El Décimo Informe Estado de la Educación (2025) muestra, sin embargo, que la transformación digital costarricense convive con tensiones estructurales: agravamiento de la crisis educativa durante 2022–2024, debilitamiento de la capacidad institucional para gestionar inclusión digital, discontinuidades en políticas tecnológicas y retos persistentes en conectividad, formación tecnológica y sostenibilidad operativa. El informe advierte, además, que el país necesita políticas educativas con mayor fundamento en evidencia científica, mejor seguimiento y mayor precisión en su diseño y aplicación. Para la orientación educativa, estas observaciones son cruciales: la tecnología puede ampliar cobertura y calidad, pero sin continuidad institucional, inversión suficiente y formación sólida corre el riesgo de profundizar desigualdades. 
Aun con esas limitaciones, el contexto costarricense también abre oportunidades. La orientación, tal como la define el MEP, está orientada al desarrollo integral, la toma de decisiones y la planificación de vida, por ello, puede convertirse en una pieza articuladora de la transformación digital si asume tareas como alfabetización digital crítica, acompañamiento en el uso ético de IA, lectura de datos con enfoque preventivo, producción de recursos accesibles, mediación entre familias y ecosistemas digitales, y apoyo a trayectorias educativas en modelos híbridos y virtuales. El desafío no es formar orientadores “más tecnológicos” en un sentido superficial, sino profesionales capaces de traducir la innovación digital en justicia educativa, inclusión, cuidado y orientación con evidencia. 
 
La transformación digital de la educación en Costa Rica debe analizarse desde una tensión central: por un lado, la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2027 plantea una visión de país orientada a la adopción ética, inclusiva y estratégica de la IA; por otro, el Estado de la Educación 2025 evidencia brechas estructurales que limitan la capacidad real del sistema educativo para implementar esa transformación de manera equitativa y sostenida. En ese sentido, se señala que existe una distancia entre la “universidad soñada” por la ENIA basada en talento digital, innovación, investigación aplicada e incorporación de IA en los procesos formativos y la realidad descrita por el informe educativo, marcada por rezagos en cobertura, calidad, inversión, gobernanza y competencias básicas. Para la orientación educativa, esta contradicción es especialmente relevante, porque la incorporación de tecnologías inteligentes no puede reducirse al uso instrumental de plataformas, sino que debe vincularse con el cierre de brechas, la atención a poblaciones vulnerables, la alfabetización digital, la permanencia estudiantil y el acompañamiento integral en contextos educativos cada vez más híbridos, automatizados y mediados por datos. 

Conclusiones

La informática y las tendencias tecnológicas actuales representan una oportunidad estratégica para fortalecer la orientación educativa y las ciencias de la educación, no solo como apoyo instrumental, sino como medios para ampliar la capacidad de diagnóstico, intervención, seguimiento y acompañamiento de las personas estudiantes. En este sentido, la orientación educativa debe comprender la tecnología como un recurso pedagógico, preventivo y socioeducativo que permite identificar necesidades, analizar trayectorias, diseñar estrategias diferenciadas y responder de manera más oportuna a los desafíos académicos, vocacionales, emocionales y sociales que enfrenta la población estudiantil.

Uno de los principales aportes de la informática a la orientación educativa se encuentra en la posibilidad de organizar, procesar y analizar información relevante para la toma de decisiones. El uso de bases de datos, hojas de cálculo, sistemas de información, analítica educativa y herramientas de visualización permite pasar de una orientación basada únicamente en percepciones aisladas a una orientación sustentada en evidencias. Esto favorece el seguimiento de indicadores como rendimiento académico, asistencia, riesgo de exclusión, intereses vocacionales, necesidades de apoyo, participación estudiantil y avance en los procesos formativos. Sin embargo, estos datos deben interpretarse siempre desde una mirada humana, ética y contextualizada, evitando reducir la complejidad de la persona estudiante a simples métricas o predicciones automatizadas.

La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para la orientación educativa, especialmente en áreas como la personalización del acompañamiento, la generación de materiales de apoyo, la atención inicial de consultas, la identificación temprana de riesgos, la exploración vocacional y la adaptación de recursos educativos a distintas necesidades. No obstante, su incorporación exige cautela. La IA no debe sustituir el juicio profesional del orientador ni la relación humana que caracteriza el acompañamiento educativo. Su valor radica en apoyar, ampliar y agilizar ciertas tareas, pero las decisiones sensibles deben mantenerse bajo responsabilidad profesional, considerando principios de equidad, confidencialidad, transparencia, inclusión y protección de datos personales.

Asimismo, la transformación digital demanda que los profesionales en orientación educativa desarrollen competencias digitales sólidas. Estas competencias no se limitan al manejo técnico de plataformas, sino que incluyen alfabetización digital, pensamiento crítico, curación de información, creación de contenidos, comunicación en entornos virtuales, análisis de datos, seguridad digital y uso ético de tecnologías emergentes. En un contexto donde los estudiantes interactúan constantemente con redes sociales, inteligencia artificial, plataformas educativas y recursos digitales, la orientación educativa tiene también la responsabilidad de formar ciudadanía digital crítica, responsable y consciente de los riesgos asociados a la desinformación, la privacidad, los sesgos algorítmicos y la dependencia tecnológica.

La creación de recursos multimedia constituye otro campo de gran relevancia para la orientación educativa. Herramientas para diseñar imágenes, videos, infografías, blogs, podcasts, revistas digitales, formularios y materiales interactivos permiten diversificar las estrategias de intervención y comunicación. Estos recursos facilitan el abordaje de temas como proyecto de vida, toma de decisiones, habilidades socioemocionales, orientación vocacional, inclusión, bienestar, prevención de riesgos y convivencia educativa. Además, favorecen una comunicación más cercana con estudiantes, familias y comunidades educativas, especialmente en escenarios híbridos, virtuales o mediados por tecnologías.

En el caso de Costa Rica, la transformación digital de la educación debe analizarse considerando tanto las oportunidades planteadas por las políticas nacionales de inteligencia artificial y digitalización como las brechas señaladas en los diagnósticos educativos recientes. La incorporación de tecnologías avanzadas no será suficiente si no se acompaña de conectividad, formación docente, acceso equitativo, inversión, gobernanza institucional y fortalecimiento de las competencias básicas. Para la orientación educativa, esto implica asumir un papel activo en la reducción de brechas digitales, el acompañamiento de poblaciones vulnerables y la promoción de una cultura tecnológica inclusiva, crítica y centrada en el bienestar estudiantil.

En conclusión, la informática, la inteligencia artificial, el análisis de datos y los recursos digitales deben integrarse a la orientación educativa desde una perspectiva humanista, ética e inclusiva. La tecnología puede mejorar los procesos de diagnóstico, intervención, seguimiento y gestión, pero su impacto dependerá de la capacidad profesional e institucional para utilizarla con criterio pedagógico y responsabilidad social. La orientación educativa del siglo XXI no puede permanecer al margen de la transformación digital; por el contrario, debe convertirse en un campo clave para guiar a estudiantes, docentes, familias e instituciones en el uso consciente, seguro y significativo de la tecnología al servicio del desarrollo integral de las personas.
 

Alcances y limitaciones

Este artículo se apoya en documentos oficiales, revisiones sistemáticas y literatura académica de alta relevancia, no obstante, dos cautelas son necesarias. Primero, la ENIA costarricense consultada corresponde a una versión de consulta pública y, por tanto, algunos lineamientos podrían haber sido ajustados posteriormente. Segundo, las funcionalidades de plataformas de IA y creación digital cambian con rapidez, de modo que su comparación debe entenderse como una fotografía útil del momento y no como un inventario definitivo. 

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Computer Science and Technological Trends in Education: Applications for Educational Guidance

Abstract:
This article analyzes the role of computer science and emerging technological trends in education, with particular emphasis on their applications in educational guidance. It examines how digital tools, artificial intelligence, data analysis, multimedia resources, and virtual learning environments can support diagnosis, intervention strategies, inclusion, accessibility, educational management, and decision-making processes. The article also highlights the importance of digital competencies, critical thinking, ethical use of technology, and data protection in contemporary educational contexts. From this perspective, educational guidance is understood as a strategic field for supporting students, teachers, and educational communities in the challenges posed by digital transformation.

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