¿Está desapareciendo el libro? Un análisis del mercado editorial y los hábitos de lectura en Costa Rica
El estado del libro, las librerías en el mundo y en Costa Rica
Las librerías tradicionales enfrentan una presión estructural derivada del cambio en los hábitos de consumo, la concentración del canal en línea, la piratería digital, el aumento de los costos operativos y la competencia por el tiempo de ocio. Sin embargo, no puede afirmarse de manera absoluta que el libro haya dejado de ser un medio masivo en términos comerciales y culturales, al menos a escala mundial. El libro impreso continúa siendo mayoritario en ingresos y uso en los principales mercados; la industria editorial sigue generando miles de millones de dólares y euros; y, en muchos países, las librerías físicas sobreviven, se transforman o incluso se recuperan cuando logran convertirse en espacios híbridos de comunidad, curaduría cultural y experiencia.
A escala mundial, los datos más sólidos apuntan a un mercado que no ha sido sustituido, sino reconfigurado. En 2021, para 23 países con datos de WIPO, la facturación agregada del sector editorial alcanzó USD 71,6 mil millones; en 2024, el AAP estimó USD 32,5 mil millones para la industria editorial estadounidense y USD 21,2 mil millones solo en trade books; en el Reino Unido, la Publishers Association reportó crecimiento en 2024 impulsado por ficción y audiolibro. El impreso mantiene el grueso del negocio: en el trade estadounidense, cartoné y rústica representaron 72,9% de los ingresos en 2024; en la encuesta de Pew de 2025, 64% de los adultos en EE. UU. leyó un libro impreso en el último año, frente a 31% que leyó e-books y 26% que escuchó audiolibros.
En Costa Rica, la imagen es más frágil. La Encuesta Nacional de Cultura 2016 (no hay estudios más recientes) mostró que 56,8% de la población de 5 años y más que sabe leer y escribir no lee libros; entre quienes sí leen, el promedio fue de 5,6 libros al año, y 76% de los libros leídos fueron impresos frente a 24% digitales. La Encuesta Actualidades 2022 de la UCR actualizó la alerta: 39,9% de las personas adultas dijo no haber leído ningún libro en los 12 meses previos y el promedio cayó a 4,6 libros por persona lectora. Al mismo tiempo, la Agencia Nacional ISBN registró 2.124 títulos en 2023 y 2.194 en 2024, lo que indica que la producción editorial no desaparece, pero opera sobre una base de demanda limitada y segmentada.
El caso costarricense ofrece señales claras de contracción del canal librero histórico. En 2026 cerró definitivamente Librería Lehmann, después de 130 años de trayectoria, y en julio del mismo año Librería Cartago anunció su cierre tras 55 años de operación. En el ámbito universitario, las librerías de la UNED reubicaron sus puntos de venta dentro de centros universitarios, dejando atrás sus antiguos locales ubicados en cantones de mayor actividad comercial.
En contraste, Librería Internacional mantiene una estrategia de expansión física y digital. En 2025 abrió su local más grande en la Avenida Central y ha diversificado su oferta más allá del libro, incorporando accesorios, artículos de interés general y productos comerciales. Además, su catálogo tiende a concentrarse en títulos de mayor demanda, autores reconocidos y temas de circulación comercial más amplia.
En el caso de las librerías universitarias, estas continúan operando, pero muestran una menor exposición pública, menos presencia comercial y una reducción de sus puntos de venta tradicionales. Por tanto, el panorama no debe interpretarse como una “muerte del libro”, sino como un desplazamiento del modelo de librería generalista e histórica hacia redes híbridas, cadenas comerciales, venta en línea y espacios institucionales de circulación más especializada.
La conclusión de fondo es esta: el libro ya no es el medio dominante para informarse rápido, pero sigue siendo un producto de masas en segmentos clave y un soporte central para aprendizaje profundo, ficción, infancia, nichos especializados, edición académica, coleccionismo y circulación patrimonial. La amenaza no es tanto la desaparición del libro como su polarización: por un lado, consumo rápido y digitalizado de información; por otro, un libro impreso que gana valor como objeto cultural, experiencial, educativo y coleccionable. La política pública y la estrategia empresarial deben partir de esa realidad dual.
Marco analítico
Lo que sí ha cambiado de forma decisiva es la función del libro dentro de la ecología informativa. Para resolver dudas, buscar datos, actualizar normativas, comparar productos o estudiar de forma instrumental, el usuario se desplaza hoy hacia búsqueda web, bases de datos, contenido abierto, plataformas educativas y herramientas de IA. Esto no implica que el libro desaparezca, sino que su ventaja competitiva se concentra más en profundidad, estructura, autoridad, lectura larga, experiencia estética, acumulación de capital cultural y legitimidad académica. En paralelo, IFLA y UNESCO han actualizado su discurso sobre bibliotecas públicas para reconocer explícitamente que el acceso al conocimiento hoy incluye alfabetización digital, acceso remoto y mediación informacional, no solo colecciones impresas.
En términos de negocio, la cadena del libro no se ha vuelto irrelevante; se ha vuelto más desigual. El canal online concentra una parte creciente de ventas; las librerías físicas compiten mejor cuando añaden curaduría, eventos, suscripciones, café, comunidad, colegios, merchandising y fidelización. EIBF advierte que los márgenes se estrechan por alquileres y cautela del consumo; al mismo tiempo, la misma federación destaca la resiliencia de la tienda física y el peso aún decisivo de la librería presencial en varios mercados. Eso encaja con la evidencia estadounidense y británica: el impreso sigue pesando mucho, pero el crecimiento marginal suele venir de audio, digital y de modelos híbridos.
En Costa Rica, la lectura débil, la escala pequeña del mercado y la dependencia de editoriales/importaciones hacen que la tesis parezca más verdadera localmente que globalmente. El cierre casi simultáneo de Lehmann y Librería Cartago refuerza la idea de retracción del libro como negocio generalista histórico. Pero incluso en ese contexto, no hay evidencia de desaparición total: siguen operando cadenas como Librería Internacional, editoriales universitarias con tienda propia, ferias, bibliotecas públicas y registros ISBN anuales por encima de dos mil títulos. La foto correcta es, por tanto, la de un medio menos central, más segmentado y híbrido, no la de un medio extinguido.
Panorama mundial del libro y las librerías
Ventas, formatos y lectura
El dato más robusto para la comparación internacional sigue siendo WIPO. Para 23 países con datos de 2021, la facturación agregada del sector editorial fue de USD 71,6 mil millones. En los países que reportaron por sector, el trade representó más de la mitad del ingreso en 13 casos; por formato, la suma de digital y audio osciló entre 3% del ingreso total en Brasil y 37,8% en Japón. En otras palabras: lo digital avanza, pero el papel sigue siendo dominante en la mayoría de mercados.
La evidencia más reciente de Estados Unidos confirma esa jerarquía. El AAP estimó que en 2024 los trade books crecieron 4,4% hasta USD 21,2 mil millones; dentro del trade, cartoné y rústica sumaron 72,9% del ingreso, mientras el audio digital alcanzó USD 2,4 mil millones tras crecer 22,2% y el e-book USD 2,1 mil millones con crecimiento mucho más moderado. Esto describe un mercado donde el impreso sigue siendo el gran volumen y el audio la categoría más dinámica.
En el Reino Unido, la Publishers Association reportó en 2024 un fuerte impulso de ficción y audiolibro: el audiolibro llegó a £268 millones, el mayor valor registrado, con crecimiento de 31% interanual; además, la ficción superó por primera vez £1.000 millones. El mensaje es consistente con EE. UU.: el digital no borra al impreso, sino que añade capas de consumo, sobre todo en movilidad y ocio.
En hábitos de lectura, Pew ofrece un excelente termómetro para una gran economía lectora. En 2025, 75% de los adultos estadounidenses leyó al menos un libro en cualquier formato; 64% leyó impreso, 31% e-book y 26% audiolibro. La edad importa: entre 18 y 29 años, 41% leyó e-books y 32% oyó audiolibros, frente a 23% y 13% respectivamente entre mayores de 65. El libro, por tanto, sigue siendo masivo, pero su uso por formato se vuelve más diferenciado generacionalmente.
Canales de venta y librerías físicas
WIPO mostró que, ya en 2021, el canal online pesaba mucho en varias economías: 67,4% del ingreso del sector en el Reino Unido, 53,2% en Italia, 38,4% en Suecia, 35,1% en Finlandia, 36,0% en Türkiye y 33,3% en EE. UU. En Japón, Nueva Zelanda y Malta seguía dominando claramente la librería física. Esa heterogeneidad es fundamental: no existe un único destino del librero físico.
El informe de EIBF sobre mercados libreros en 2024 endurece y matiza ese panorama. Por un lado, observa una ligera caída global de ventas en 2024 y presión económica sobre libreros; por otro, señala que el número de librerías físicas se estabilizó o creció en la mayoría de mercados estudiados. El propio informe contrasta el caso extremo de EE. UU., donde la ABA estima que Amazon domina 60%-70% del mercado del libro impreso y las librerías independientes mantienen menos del 10%, con casos como Portugal, donde los puntos de venta físicos concentran 60% del mercado.
Esto importa mucho para la tesis del “nicho”. Si por “medio masivo” se entiende “producto comprado sobre todo en librerías tradicionales de calle”, la tesis gana fuerza. Pero si se entiende “producto que aún mueve mercados nacionales grandes y llega a públicos extensos por múltiples canales”, la tesis pierde fuerza. El libro sigue siendo masivo en circulación, aunque menos dependiente de la librería histórica como único intermediario.
Cierres, reaperturas y reconfiguración
Los datos globales muestran una realidad dual. En el Reino Unido, datos citados por The Bookseller y PwC registraron en el primer semestre de 2024 15 aperturas y 41 cierres de librerías de cadena, para un saldo neto de -26. Sin embargo, en EE. UU., la American Booksellers Association informó en su reporte anual de 2025 que su membresía creció 19% y que durante 2025 abrieron 605 nuevas librerías brick-and-mortar, pop-up y móviles. EIBF, a su vez, señala que las tiendas físicas se han mantenido o crecido en la mayoría de los mercados observados.
Esto no es contradictorio. Describe dos procesos simultáneos: debilidad del formato cadena estandarizado en algunos mercados y vitalidad del modelo independiente/comunitario en otros. La librería que se comporta como simple estante de inventario compite mal contra marketplace y precio; la que ofrece curaduría, club de lectura, eventos y comunidad puede capturar un valor que el algoritmo no sustituye fácilmente.
Lectura, producción editorial y acceso
La evidencia oficial costarricense sobre hábitos de lectura está retrasada en comparación con otros países. La Encuesta Nacional de Cultura 2016 sigue siendo la base pública más completa. Según ese estudio, de la población de 5 años y más que sabe leer y escribir, 12,9% lee libros todos los días, 13,4% varias veces por semana y 56,8% no lee. Entre quienes leen al menos medio libro, el promedio anual fue de 5,6 libros. Los géneros más leídos fueron novela (34,9%), religiosos (25,1%) y educativos (22,2%). Además, el formato seguía dominado por el papel: 76,0% de los libros leídos eran impresos y 24,0% digitales o en línea, incluidos audiolibros.
La Encuesta Actualidades 2022 de la UCR no es perfectamente comparable con la ENC, pero sí funciona como termómetro reciente de opinión y hábito. Según esa encuesta, 39,9% de las personas adultas no había leído ningún libro en el año previo; entre quienes sí leyeron, el promedio fue de 4,6 libros, un libro menos que el promedio reportado por la ENC 2016 para personas lectoras. Además, 57,5% dijo que lee solo si tiene que hacerlo y 51,5% que lo hace para buscar información. Este último dato es crucial: sugiere una lectura más instrumental que recreativa, justo el tipo de lectura que hoy compite más directamente con buscadores, resúmenes, PDFs y IA.
En producción editorial, la Agencia Nacional ISBN reportó 2.124 títulos en 2023 y 2.194 en 2024. En 2024 destacaron categorías como “Otro” (873), educación básica y media (271), libros universitarios (171), novela (171), poesía (154) y cuento (144). En 2023, los libros universitarios fueron 199, la educación básica y media 328 y las novelas 142. Es decir, la oferta editorial nacional sigue viva y relativamente estable, aunque concentrada en nichos educativos, institucionales y de interés general no siempre vinculados al gran mercado comercial.
En el plano institucional, Costa Rica no parte de cero. IFLA registra 1.123 bibliotecas de todo tipo en el país, actualizado a enero de 2024, y SINABI reporta 60 bibliotecas públicas 36 oficiales y 24 semioficiales. La biblioteca pública costarricense, por tanto, sigue siendo una capa de acceso que amortigua la debilidad del mercado comercial, algo especialmente importante en un país donde una parte grande de la población no compra ni lee libros con frecuencia.
Librerías costarricenses: cierres, continuidad y mutación del canal
El caso más simbólico es Librería Lehmann. Semanario Universidad y otros medios costarricenses documentaron su cierre definitivo en junio de 2026 tras 130 años de historia. La propia cobertura local asocia el cierre a cambios en la comercialización del libro, nuevas formas de consumo y una larga pérdida de centralidad del establecimiento histórico. Esto no demuestra por sí solo el colapso del libro, pero sí el agotamiento de un determinado ecosistema urbano y familiar de librería cultural.
Apenas semanas después, en julio de 2026, Librería Cartago anunció su cierre tras 55 años de operación. En este caso, la propia comunicación pública recogida por medios locales habló de un “cúmulo de razones” y de una decisión difícil. El valor analítico del caso no está tanto en la causalidad precisa que no fue desarrollada con la misma profundidad en fuentes públicas como en el hecho de que, en un muy corto plazo, dos librerías históricas y territorialmente emblemáticas salieron del mercado.
El panorama no es, sin embargo, de desaparición homogénea. Librería Internacional mantiene tienda online, promociones cruzadas entre canal físico y web, y abrió en 2025 su local más grande en Avenida Central. El sector se reordena hacia cadenas con mejor músculo logístico, mezcla de libros y “non-books”, mayor presencia en centros comerciales y vínculo intenso con comercio electrónico. Esto se parece mucho más al patrón global de hibridación del retail cultural que a una simple muerte del libro.
Librerías universitarias y edición académica
En Costa Rica, el panorama de las editoriales y librerías universitarias está marcado por una presión presupuestaria creciente. El no aumento proporcional del FEES ha limitado los márgenes de acción de las universidades públicas, afectando especialmente áreas como investigación, extensión cultural, producción editorial y divulgación académica.
En este contexto, las editoriales universitarias no necesariamente desaparecen, pero sí enfrentan recortes, reducción de actividades comerciales y menor presencia pública. Según información institucional aportada desde la UNED, sus librerías migraron de puntos comerciales abiertos al público hacia espacios ubicados dentro de sedes universitarias. Este cambio refleja una pérdida de rentabilidad del modelo tradicional de librería universitaria como punto de venta comercial independiente.
Asimismo, se observa una menor participación de las editoriales universitarias en ferias del libro, debido a restricciones presupuestarias, costos logísticos y disminución del retorno comercial. La mayoría ha optado por fortalecer la venta en línea y diversificar sus formatos mediante libros electrónicos, PDF, catálogos digitales y, en algunos casos, audiolibros.
Esto refuerza la tesis central de la investigación: el libro universitario no desaparece, pero pierde centralidad como medio masivo de acceso a la información. Su función se desplaza hacia nichos académicos, cursos específicos, bibliotecas, docentes, investigadores y lectores especializados.
Al mismo tiempo, el interés de la población, incluidos estudiantes universitarios, se redirige cada vez más hacia buscadores, recursos educativos abiertos, revistas digitales, repositorios, videos explicativos y herramientas de inteligencia artificial. Por ello, el libro académico actual se convierte en un recurso de validación, profundidad y respaldo documental, más que en la fuente principal de consulta cotidiana.
Fuerzas que están cambiando el papel del libro
Digitalización, buscadores y desplazamiento del libro como “insumo de información”
Para tareas de información puntual, navegación normativa, búsqueda superficial y consulta rápida, el libro perdió una buena parte de su ventaja frente al ecosistema digital. La propia UCR, al interpretar la Encuesta Actualidades 2022, asocia el descenso de lectura profunda al crecimiento vertiginoso de fuentes virtuales y a la abundancia de información breve y de acceso inmediato. En el plano educativo internacional, la OCDE también insiste en que la alfabetización contemporánea ya no es solo leer textos largos, sino saber navegar información digital compleja.
Ahora bien, eso no equivale a que lo digital “gane” siempre en comprensión o valor. La literatura académica reciente es más matizada: una meta-análisis de 2021 halló poca o ninguna diferencia general en comprensión para ciertos textos, mientras otro meta-análisis de 2024 encontró ausencia de diferencia global, pero diferencias según edad, tipo de texto y condiciones de lectura; y la conocida meta-análisis de Delgado et al. seguía encontrando una ventaja del papel en determinadas situaciones, especialmente con presión de tiempo y textos expositivos. La consecuencia práctica no es “lo digital reemplaza al libro”, sino “cada soporte sirve mejor para funciones distintas”.
Piratería y derechos de autor
En la esfera digital, la piratería sigue siendo estructural. EUIPO estimó que en 2022 las publicaciones representaron 28% de todos los accesos a contenidos pirateados en la UE, con un promedio de 2,7 accesos mensuales por usuario de internet; dentro de esa categoría, el manga fue la forma de publicación pirateada más importante. En 2023, EUIPO indicó que la piratería digital se estabilizó en torno a 10 accesos por mes por usuario, pero las publicaciones siguieron siendo una porción relevante del problema.
El caso italiano muestra la magnitud que puede alcanzar este fenómeno en libros. La Associazione Italiana Editori informó en 2026 que la pérdida de ventas por piratería en 2025 fue de €722 millones, equivalentes al 30% del mercado total del libro excluyendo escolar y exportaciones; además, advirtió sobre pérdidas adicionales difíciles de cuantificar por el uso de resúmenes y condensaciones generados con IA. Aunque no conviene extrapolar mecánicamente esa cifra a Costa Rica, sí muestra que la presión sobre el libro como producto comercial no proviene solo de Amazon o del e-book legal, sino también de circulación ilícita y de sustitutos generados algorítmicamente.
IA: creación, sustitución y reacción del mercado
El impacto de la IA en el libro no ocurre en un solo frente. La Publishers Association del Reino Unido reconoce abiertamente que desde 2023 mantiene una AI Taskforce, que ha respondido a consultas regulatorias y reclama mayor transparencia sobre el uso de obras protegidas en entrenamiento. WIPO, por su parte, ha convertido la relación entre IA y propiedad intelectual en una línea prioritaria de trabajo. El conflicto ya no es hipotético: el debate regulatorio es central para el negocio editorial.
Pero la IA no solo genera conflicto jurídico; también modifica expectativas de mercado. El Nuremberg Institute for Market Decisions, en un experimento con muestra representativa de adultos en EE. UU., encontró que los consumidores valoran más positivamente los libros escritos por humanos, muestran mayor disposición a pagar por ellos y los prefieren cuando la autoría está claramente etiquetada. La diferencia existe incluso en no ficción, aunque es mayor en ficción. Esto debilita la versión extrema de la tesis de sustitución total: la IA introduce oferta sustitutiva, sí, pero también provoca una revalorización explícita de la autoría humana.
De ahí la rápida institucionalización de sellos de autenticidad humana. La Authors Guild lanzó y luego amplió su certificación Human Authored; la Society of Authors del Reino Unido lanzó un esquema similar en 2026. Estas respuestas son reveladoras: el mercado no se está moviendo hacia “todo vale”, sino hacia una diferenciación entre contenido utilitario/automatizable y obra identificada con creatividad humana, que puede adquirir un plus simbólico cercano al coleccionismo, la trazabilidad y la garantía de origen.
Lagunas de datos y supuestos
La principal laguna de datos costarricense es que no existe, al menos en acceso público fácil, una serie reciente y homogénea sobre ventas del libro por formato, canal y segmento comparable con WIPO, AAP o la Publishers Association. La Encuesta Nacional de Cultura 2016 sigue siendo la base oficial más útil para hábitos, y aunque el INEC informa sobre la Encuesta Nacional de Cultura 2025, al momento de esta investigación no hay resultados públicos consolidados comparables. La ausencia de informes públicos de entes relacionados como la Cámara Costarricense del libro, hace que sea más difícil cuantificar información sobre esta área comercial y cultural.
Tampoco encontré estados financieros públicos ni estudios sectoriales costarricenses recientes que permitan medir con precisión la rentabilidad de librerías como Lehmann, Cartago o Librería Internacional, ni series públicas del mercado de segunda mano y del coleccionismo en Costa Rica. Por esa razón, cualquier juicio sobre el peso económico local del usado/coleccionable debe tratarse como hipótesis razonable, no como magnitud probada. La ausencia de esa serie también limita la evaluación exacta del desplazamiento del libro nuevo por reventa, donación o intercambio.
Microdatos de la Encuesta Nacional de Cultura (INEC) 2016 última disponible
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Dimensión analizada |
Dato principal |
Interpretación para la investigación |
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Población que no leyó libros en los últimos 12 meses |
56,8 % |
Más de la mitad de la población no incorporó el libro como práctica cultural reciente. |
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Lectura diaria de libros |
12,9 % |
La lectura cotidiana de libros es minoritaria. |
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Lectura varias veces por semana |
13,4 % |
Existe un grupo lector frecuente, pero no representa a la mayoría. |
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Lectura una vez por semana |
7,6 % |
El libro se mantiene como práctica ocasional en una parte reducida de la población. |
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Lectura mensual |
4,9 % |
Refuerza la idea de un consumo cultural no necesariamente habitual. |
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Lectura cada tres meses |
2,7 % |
Evidencia baja frecuencia de contacto con libros. |
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Lectura anual |
1,7 % |
Representa un vínculo muy ocasional con el libro. |
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Tipo de libro más leído |
Novelas: 34,9 % |
El consumo del libro se asocia principalmente con entretenimiento y lectura recreativa. |
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Segundo tipo de libro más leído |
Libros religiosos: 25,1 % |
El libro conserva valor en nichos culturales, espirituales y personales. |
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Tercer tipo de libro más leído |
Libros educativos: 22,2 % |
El libro mantiene importancia en contextos académicos y formativos. |
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Grupo con mayor promedio de lectura |
18 a 35 años: 6,6 libros al año |
La población joven-adulta conserva prácticas lectoras, aunque dentro de un ecosistema digital más amplio. |
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Grupo con menor promedio de lectura |
65 años o más: 4,2 libros al año |
La lectura disminuye en los grupos de mayor edad. |
Conclusiones y recomendaciones
El libro en Costa Rica tiende hacia nichos y coleccionismo. Sigue siendo un bien cultural en educación, infancia, ficción comercial, edición académica y lectura recreativa; el impreso sigue dominando ingresos y uso en mercados grandes; y las librerías físicas no han desaparecido, sino que sobreviven mejor cuando cambian de función. La evidencia global apunta a un ecosistema donde el libro pierde monopolio, no relevancia.
Más precisamente, el libro parece dirigirse hacia una estructura de doble velocidad. En la parte alta del mercado, permanece o se revaloriza como objeto físico, regalo, edición especial, señal de gusto, colección personal o producto cultural “auténtico”. En la parte funcional, se digitaliza, se fragmenta, se resume, se licencia y se consulta en trozos. La aparición de sellos como Human Authored y la evidencia de preferencia del consumidor por libros escritos por personas refuerzan esa hipótesis de bifurcación.
Para las librerías, la evidencia favorece modelos híbridos: tienda física + web + comunidad + eventos + ventas institucionales + fidelización + mezcla cuidada de libro y no-libro. Costa Rica necesita menos librería-anaquel y más librería-curaduría. La experiencia internacional reciente sugiere que el espacio físico sigue teniendo sentido cuando funciona como lugar de encuentro, descubrimiento y pertenencia, algo particularmente valioso ante la saturación digital.
Para la política pública costarricense, la prioridad no debería ser “salvar nostalgias”, sino aumentar base lectora y trazabilidad estadística. La estrategia del MCJ de 2024 y la Ley 10025 ofrecen marco suficiente para actuar: actualización periódica de hábitos de lectura; observatorio económico del libro y la librería; compras públicas y dotación bibliográfica transparentes; apoyo a bibliotecas como nodos físicos y digitales; estímulos a librerías independientes y universitarias; y programas de mediación lectora desde infancia y adolescencia. Sin ampliar la base de lectores, cualquier política de oferta será insuficiente.
La recomendación estratégica final es simple: no planificar para el regreso del viejo mercado del libro. Ese mercado ya cambió. El objetivo realista es construir un ecosistema donde el libro conserve masa crítica como bien cultural y educativo, aunque ya no monopolice la información. Eso exige medir mejor, vender mejor, mediar mejor y proteger mejor los derechos frente a piratería y usos opacos de IA. Si el sector acepta que el libro dejó de ser “el centro de todo”, puede todavía seguir siendo una de las piezas centrales de la vida cultural, educativa y cívica.
En conclusión, la investigación permite afirmar que el libro no ha desaparecido, pero sí ha perdido centralidad como fuente principal de información cotidiana. En Costa Rica, el hábito de consumo del libro es minoritario y se observan señales de contracción en la economía tradicional del libro, expresadas en el cierre de librerías históricas, la reducción de puntos de venta y el repliegue comercial de algunas editoriales y librerías universitarias. El libro actual parece dividirse en dos grandes dimensiones. Por un lado, mantiene una dimensión cultural, simbólica y de colección, donde el formato físico conserva valor por su materialidad, permanencia, prestigio y vínculo afectivo con el lector. Por otro lado, en su dimensión funcional, informativa y educativa, el libro tiende a desplazarse hacia formatos digitales, PDF, repositorios, bases de datos, revistas académicas, e-books y audiolibros, por su facilidad de acceso, bajo costo relativo e inmediatez. Además, los hábitos de búsqueda de información se han transformado profundamente. Cada vez más personas recurren a buscadores web, plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial para resolver necesidades informativas rápidas, prácticas o académicas. Esto reduce el papel del libro como primera fuente de consulta, especialmente en contextos educativos y utilitarios. A nivel mundial, sin embargo, la evidencia muestra que el libro físico todavía prevalece en ventas y conserva una fuerte presencia comercial y cultural. Por tanto, no puede hablarse de una sustitución total del libro, sino de una diversificación del ecosistema editorial. El libro impreso, el e-book, el audiolibro, los contenidos digitales y la inteligencia artificial conviven en un entorno híbrido, donde el libro ya no domina como antes, pero sigue cumpliendo funciones relevantes de profundidad, legitimidad, memoria cultural y experiencia lectora.
El libro no desaparece; cambia de lugar. Deja de ser la fuente inmediata de consulta para convertirse en un espacio de profundidad, memoria y reflexión. En una época dominada por la velocidad digital y la inteligencia artificial, su valor quizá ya no esté en responder más rápido, sino en ayudarnos a pensar mejor.
Autor: J. Alonso Solano SeguraReferencias
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Is the Book Disappearing? An Analysis of the Publishing Market and Reading Habits in Costa Rica
Abstract
The rapid growth of digital technologies, online search engines, electronic publications, and artificial intelligence has transformed the ways in which people access and consume information. This study analyzes the current state of the book and the publishing market in Costa Rica within the context of these global changes. Through a documentary and descriptive analysis of official reports, industry studies, and national and international statistics, the research examines reading habits, the transformation of bookstores, publishing trends, and the impact of digitalization on the role of the book. The findings suggest that, although the printed book continues to dominate global publishing revenues, Costa Rica shows signs of contraction in its traditional book market, including bookstore closures, reduced commercial presence of university publishers, and changing consumer habits. The study concludes that the book is not disappearing but rather evolving toward a dual role: as a cultural and collectible object in print, and as a functional digital resource for education and information. Instead of being replaced, the book is becoming one component of a broader digital information ecosystem increasingly shaped by search engines and artificial intelligence.
Keywords: books, publishing industry, reading habits, bookstores, digital transformation, artificial intelligence, Costa Rica.
